
Fecha: 6 de septiembre de 2008 – Galpón 11, CEC
La admirable cantidad de espectadores (promediaban menos de 20 años) que se acercó a la zona de galpones indica que el ritual pastillero dejó de cumplirse sólo en Buenos Aires. Y realmente ya no sorprende al ambiente rockero que una banda que todavía muchos no alcanzaron a descubrir, reviente espacios antes dedicados sólo a los grosos del rock nacional. Aunque no tengan más que un par de canciones sonando en la radio, el fiel aguante se está extendiendo hasta los rincones más necesitados de rock, demostrado por la cantidad de fechas que tienen previstas en el sur del país.
La excusa era presentar Crisis, su más reciente placa, ante el público de Rosario. “Solo Dios (Almafuerte)” fue el “Irizar” que provocó el primer gran pogo y los gritos femeninos se percibieron hambrientos de “fiesta”, sustantivo que el vocalista Piti Fernández se encarga de repetir a “La 20” (como se autoproclaman sus seguidores) en los temas más movidos de los shows. “Cerveza” metió paños fríos en el comienzo de la noche, que no se caracterizó por arrancar con un óptimo sonido pero que fue mejorando mucho con el correr de los temas.
Vendría luego una seguidilla de temas de su último álbum que, a pesar de existir hace menos de un mes, provocaron alto agrado en el público. “¿Me juego el corazón?”, “¿Casualidad o causalidad?”, “¿Qué vicios tengo?” y “¿Qué carajo es el amor?” –con cita ricotera incluida en la letra– fueron algunas de las composiciones seleccionadas para presentarles a los rosarinos. A propósito de Los Redondos, también tuvieron su homenaje mientras sonaba “Enano”, cuando incluyeron unas estrofas de “La parabellum del buen psicópata” en la mitad de la noche, algo que ya se está volviendo hábito en sus recitales.
Además de los dos primeros temas del recital, de su primer disco Por Colectora, también sonaron “José”, “La casada”, “Peldaño”, “Perdido (Chakarera)” y –el más coreado– “Skalipso” que seguido del tema que da nombre al mencionado cd y “Otra vuelta de tuerca” cerraron una noche que se extendió hasta cerca de la una de la mañana.
El show fue demasiado largo. Casi treinta canciones, un tanto exagerado para una banda que apenas tiene tres discos en la calle y las caras de cansancio en la periferia de la masa se hacían notar. A pesar de esto, está claro que para los incondicionales pastilleros podrían haber continuado tocando dos horas más sin ver una mueca de fastidio.
Párrafo aparte para la organización del evento. Seguridad pública y privada (que no molestaron ni interfirieron en una noche demasiado tranquila), baños constantemente custodiados por personal de limpieza, buena ambientación y sonido aceptable. Sin críticas posibles para un lugar que es de los más adecuados de la ciudad para albergar a bandas de esta convocatoria.
Las Pastillas del Abuelo encuentran su clave del éxito en la mezcla de influencias de grandes emblemas del rock argentino. Esto no sólo es apreciable desde el punto de vista musical, sino también en las letras y filosofía de banda. Mientras uno oye los temas, inmediatamente vienen a la mente imágenes de otros grupos del país. Pero hay algo que los diferencia: son hijos de la tecnología. Y esto se evidenció cuando las gargantas temblaron para cantar el inédito “Sabina y Piazzolla” que, junto al primer gran éxito de la banda “El Sensei” (que tampoco fue editado ni lo interpretan en vivo), se masificaron a través de los programas P2P y portales como Youtube. Eso es lo que posibilita la red de redes a muchas bandas que no consiguen contrato con una gran discográfica. A partir de ahora, seguramente, van a poder elegir con quién grabar su próximo disco.

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